viernes, 10 de agosto de 2012

3x1: La gestión del color para fotógrafos

El mundo digital ha traído muchas ventajas y facilidades al fotógrafo, ya sea aficionado o profesional, o a esa nueva categoría que se ha dado en llamar prosumer. Pero no todo son ventajas, pues el tema del color es uno de los grandes problemas que se plantean a la hora de conseguir resultados aceptables.

El problema del color en el mundo digital es muy fácil de entender. Todos sabemos que el color se define, como todas las cosas de este entorno, como una sucesión de unos y ceros, en bits. El rojo puro se puede leer como 10010010, y este lenguaje lo entiende la cámara, la pantalla del ordenador, la impresora, el escáner… pero el problema surge cuando descubrimos que cada dispositivo forma el color de una manera distinta. La cámara crea el rojo a partir de la matriz Bayer que le han incorporado al sensor; en la pantalla vemos el rojo gracias a la estimulación eléctrica que reciben los fotodiodos, a más luz, más estimulación; la impresora crea el rojo a partir de la combinación de tintas que se depositan sobre el papel. Todos los dispositivos ven el color, pero lo entienden de manera totalmente distinta. Nunca sabemos qué rojo están viendo.
Y es aquí cuando entra la gestión del color. Su función es hacer que todos los dispositivos vean el color de una forma predecible. Desde que se toma la fotografía con la cámara hasta que sale por la impresora casera o el laboratorio industrial. Y esto es lo que vamos a explicar aquí, con la mayor sencillez posible.
Hay multitud de conceptos, de formas de entender las cosas, lo que provoca la confusión generalizada del tema. Intentaremos seguir un esquema lógico, basado en la práctica más que en la teoría, para poder decir que lo que se hace consigue los resultados esperados. Empecemos.
Cuando la fotografía se registraba en un carrete, el color casi no representaba ningún problema, pues existía un “acuerdo” sobre cómo revelar dicho negativo. Había unas listas y un código impreso en la película que especificaba tiempos, temperaturas, agitación… Si estas directrices se seguían a rajatabla, el resultado era perfecto. Pero en la era digital ese  “acuerdo” se olvidó, y dio lugar a numerosos problemas que ahora estamos intentando solucionar.
Veamos gráficamente la cuestión. Un verde concreto (0,250,0) visto por tres dispositivos distintos, pero que están obligados a entenderse: la cámara, el monitor y la impresora. El último es el color real:

Parecen colores distintos, cuando es el mismo. En los inicios de la fotografía digital, ningún fotógrafo debió intervenir para avisar a los ingenieros informáticos sobre la caja de Pandora que iban a abrir. Un mismo número (no podemos olvidar que el color digital no es más que eso) se ve de manera distinta según el medio en el que se represente. La gestión de color iguala el color entre dispositivos.
El color se puede definir como un conjunto de números (255,0 ,0) dando lugar a los modos de color, que nos dan una estructura de colores, pero no una escala:
  • Lab: es un modelo de color fijo, independiente de dispositivo, abstracto e ideal; un intento de ajustarse a todos los colores que apreciamos por naturaleza. Está compuesto por una canal de luminosidad y otros dos de color, el a y el b. El canal de luminosidad va del 0 (negro) al 100 (blanco); el canal a comprende los colores entre el rojo (valores positivos) y el verde (valores negativos); el canal bcomprende del amarillo (positivo) al azul (negativo). Es utilizado como nexo de unión entre un modo de color y otro.
  • RGB: es un modelo de color aditivo basado en los tres colores primarios: rojo (R), verde (G) y azul (B). La suma de los tres da blanco, pues es el resultado de la luz emitida por los monitores, cámaras o proyectores. Así, el blanco puro se define con tres bytes (8 bits cada uno): 255, 255, 255; y el negro puro como 0, 0, 0. Es el modo por defecto de las imágenes digitales.
  • CMYK: modo de color substractivo de cuatro canales: cian, magenta, amarillo y negro. La suma de los cuatro da negro, su ausencia, blanco. Es el modo de color de las impresoras. Es mucho más limitado que el modo RGB.
Los modos de color de los que hemos estado hablando son muy amplios, y al ser dependientes de dispositivo (RGB y CMYK), pueden estar definidos y descritos precisamente, dando lugar a los espacios de color, es decir, la paleta de colores de dicho dispositivo. El espacio de color permite relacionar valores concretos con determinados colores.
Pero surge otro problema. Cada monitor, por su construcción, interpreta el espacio de color a su manera. Para evitar esto, las empresas del sector crearon los conocidos espacios de trabajo: abstractos, independientes de un dispositivo concreto, que son usados como punto de encuentro, unificando los criterios. Son los espacios sRGB, Adobe RGB (1998), ProPhoto RGB,… Elegir uno u otro es una de las claves en este meollo; son la descripción de un espacio de color:
  • sRGB: es el espacio de trabajo más reducido. Por el poco tamaño que ocupa se ha convertido en el estándar de internet. Creado en 1966, destaca por ser la media del comportamiento de un monitor medio, incluso sin calibrar. Por su pequeño tamaño, es precisamente el más homogéneo.
  • Adobe RGB (1998): presenta una gama de colores mucho más amplia, casi en el límite de los mejores monitores del mercado. Su mayor información permite editar imágenes con transiciones más fluidas, sin escalones.
  • ProPhoto RGB: es tan grande que tiene colores que el ojo humano no puede llegar a ver. Se suele utilizar con grandes archivos de 16 o 32 bits por canal. Su excesiva calidad puede suponer un gran problema a la hora de editar, pues trabaja con colores invisibles para nosotros.
Y para terminar de complicar las cosas, aparecen los perfiles ICC (International Color Consortium), que son espacios de trabajo dependientes de un dispositivo concreto, describen exactamente de qué manera entiende el monitor (o la cámara, o el escáner…) los colores que puede representar. No son los únicos, pero sí los más comunes.
La gestión de color se encarga de leer  los espacios de trabajo de cada dispositivo donde se saca, contempla o imprime la fotografía para conseguir que durante todo el proceso ese rojo del principio sea siempre lo más parecido posible.
Para resumir, el color digital se define gracias al modo de color. Éste se traduce a un espacio de color, que asigna una posición al color. Los dispositivos tienen espacios de color concretos, los espacios de trabajo; y para cada dispositivo tienes que crear una descripción de su espacio de trabajo particular, el perfil ICC.
Fuente: http://altfoto.com/2012/07/la-gestion-del-color-para-fotografos-i
El fotógrafo digital se ve envuelto en una serie de conceptos totalmente nuevos que tiene que dominar para poder decir “lo que veo es lo que obtengo”. Si se comprende lo anteriormente expuesto, la gestión de color empieza a ser inteligible. Vamos a intentar seguir una secuencia lógica de trabajo teniendo en cuenta el color.

La cámara

La cámara es el origen de todo. En el disparo se decide la calidad, la compresión, el formato, la exposición y el espacio de trabajo con el que has configurado la cámara.
Por defecto, las cámaras vienen configuradas en el espacio de trabajo sRGB, el más reducido de todos, perfecto para ver en pantalla y para enviar por internet, pero precisamente por esto no nos interesa. La gama de colores, como hemos indicado anteriormente, es muy pequeña y se pueden perder muchos matices y transiciones.Por eso se recomienda trabajar con Adobe RGB (1998) cuando disparemos en jpeg, lo malo que esta posibilidad sólo la ofrecen las cámaras compactas de alta gama y las réflex.
Pero no nos queda más remedio que entrar en la polémica. Algunos proponen perfilar la cámara para ampliar su gama de colores. Esto se tiene que hacer en unas condiciones de luz concretas, fotografiando una carta de colores. Esto supone que el perfil creado funcionará perfectamente bajo ese tipo de luz, pero en cuanto se desvíe un mínimo, el perfilado no servirá y habrá que realizar otro. Sólo si trabajas en estudio, bajo unas condiciones específicas tiene sentido, pero mientras tanto no es muy práctico. El fotógrafo digital que dispare en RAW no tendría que tener ningún problema en esta situación, pues el espacio de color lo puede decidir más tarde, a la hora de la edición.

El ordenador

El ordenador también lo tenemos que preparar para activar la gestión de color, y la pantalla hay que calibrarla y perfilarla para evitar problemas de visualización. El fotógrafo puede que esté corrigiendo un rojo apagado en su pantalla, pero en cuanto lo imprima o lo vea en otra pantalla descubre que ha hipersaturado los rojos. Hay que estar totalmente seguro de lo que vemos en la pantalla, pero no podemos fiarnos de nuestra percepción. Somos humanos y podemos no notar algunas dominantes.
Lo primero es saber dónde guarda el ordenador los perfiles ICC, lo que cambia según el sistema operativo:
Windows Xp: C:/Windows/System 32/Spool/Drivers/Color
Windows Vista: /C:/Windows/System32/spool/Color
Windows 7:/C:/Windows/System32/spool/drivers/color
Mac: Macintosh HD/Librería/Colorsync/Profiles
Mac OS 9.x: Systems Folder / ColorSync / Profiles
Si queremos podemos copiar el perfil en el escritorio y con el botón derecho del ratón seleccionar el archivo y escoger la opción Instalar el perfil.
En Photoshop, los perfiles están en la siguiente carpeta:
PC: C:/Archivos de programa/Archivos comunes/Adobe/Color/Profiles
Mac: Macintosh HD / Librería / Aplicación support / Adobe / Color / Profiles
Antes hemos hablado de calibrar y perfilar la pantalla, dos procesos distintos que suelen hacerse a la par. Son dos pasos imprescindibles para trabajar con seguridad. Calibrar es ajustar el brillo, el contraste y la temperatura del monitor a través de la botonera del monitor. Perfilar consiste en crear un perfilICC (International Color Consortium), es decir, ajustar el espacio de trabajo al monitor concreto. Sin estos dos pasos todo carece de sentido. Todos sabemos que tenemos que trabajar con tres colores (RGB), pero desconocemos qué rojo, verde y azul son concretamente. La gestión de color los descubre.
Este proceso se puede realizar mediante software o mediante hardware. Calibrar por software es mejor que no hacer nada, pero desde luego, si se quiere garantías, lo mejor es comprar un colorímetro para crear el mejor perfil posible. En el mercado hay muchos, de todos los precios, pero interesa comprar el que mejor se adapte al precio del monitor. De nada sirve comprar el más caro si tenemos un monitor de 200€.
También hay que acordarse de activar la gestión de color en Photoshop, para que todo adquiera sentido. En Edición>Ajustes de color (mayús+ctrl+K)encontramos la siguiente ventana, donde podéis ver mi configuración:

Quizás lo más importante a la hora de activar la gestión de color es tener en cuenta las opciones de conversión, es decir, pasar de un espacio a otro sin perder calidad y manteniendo los colores de forma homogénea. Hay un libro que dice que las opciones de conversión son “como encajar un cuadrado dentro de un círculo”, pero también hay estudios recientes que demuestran que con espacios de trabajo estándar, el método de conversión siempre va a ser Relativo colorimétrico:
  • Relativo colorimétrico y Absoluto colorimétrico: equivalen a recortar. Los colores que existen en el nuevo espacio se mantienen y los que quedan fuera se adaptan al tono de color más próximo reproducible en el perfil de salida.
  • Perceptual: equivale a adaptar a escala. Todos los colores cambian para permitir que se mantengan las relaciones existentes entre ellos.
  • Saturación: equivale a comprimir. Los colores que existen se mantienen donde están, y el resto se adaptan pero preservando la saturación.
Los más indicados para la fotografía son el relativo colorimétrico y elperceptual en el caso de que haya muchos colores fuera de gama.
Fuente: http://altfoto.com/2012/07/la-gestion-del-color-para-fotografos-ii
Y llegamos al final de todo el proceso de la gestión de color: pasar a papel nuestra fotografía. También tenemos la opción de dejarla en el ordenador y compartirla eninternet, pero no haya nada más agradable que sentir en la manos una buena copia y verla directamente, sin intermediarios. Tenemos dos opciones: la impresión casera o llevarla a un laboratorio de confianza.
Galeria Notesalves

Impresión casera

Es la alternativa más cara con diferencia, y la que mayores quebraderos de cabeza puede dar. Pero también es la más agradecida, pues se puede elegir entre cientos de papeles, un perfil personalizado con una mayor gama de colores… Es la única posibilidad de tener todo el control desde el principio hasta el final, desde que se toma la imagen hasta que se cuelga en la pared. Sólo interesa imprimir en casa si hacemos más de cinco copias a la semana. Hay que saber que las buenas impresorasrequieren un mantenimiento constante.
Una vez que se ha editado la imagen con un espacio de trabajo apropiado, con el monitor perfectamente calibrado y perfilado, se tiene que cambiar el perfil para adaptarse a la impresora y al papel con los que se quiera trabajar. Si todo el proceso se ha seguido a rajatabla, el resultado final se adaptará a lo esperado.
El perfilado de la impresora depende de cada cambio de papel o de cada sustitución de cartuchos. En las páginas web de los fabricantes podemos encontrar varios perfiles distintos basados en diferentes combinaciones de impresora, tintas y papeles. Pero la opción más recomendada, si se quiere los mejores resultados, es crear perfiles personalizados, con un calibrador o encargándolo en una tienda.
Muchas veces se utiliza como perfil un espacio de trabajo, normalmente el sRGB. Esto no es la mejor solución pues supone imprimir con una gama de colores limitada en comparación con un buen perfilado. Por supuesto, también depende de la calidad de la impresora con la que se esté trabajando.
Hay dos posibilidades en Photoshop para “ver” un perfil:
  • Asignar perfil (Edición>Asignar perfil…) cambia la representación de los colores en una fotografía. Cambia el modo de “entender” los colores. Realmente sólo es práctica esta opción cuando la fotografía no tiene un espacio de trabajo incrustrado o está mal elegido, como por ejemplo, hay un perfil en vez de un espacio de trabajo.
  • Convertir en perfil (Edición>Convertir en perfil…) realiza de forma definitiva el cambio partiendo del propósito elegido, intentando desviarse lo menos posible del original. El aspecto en pantalla no cambiará. Esta posibilidad hay que utilizarla cuando se ha terminado de revelar la fotografía y se dispone del perfil de la impresora.
Como regla general, no se debe revelar con un perfil específico, ya sea de la impresora o del monitor, pues todos los cambios que se hagan sólo tendrán sentido con ese dispositivo en ese preciso momento. También puede suceder que salga un aviso acerca de la no coincidencia de perfil, en cuyo caso se debe señalar siempre el perfil incrustrado de la fotografía.
Se puede ver, aproximadamente, cómo quedará una fotografía con un perfil determinado en la opción Vista> Ajuste de prueba>A medida.

En Dispositivo para simular se marca el perfil ICC de la impresora; Mantener valores RGB desactivado para poder seleccionar un propósito adecuado, junto conCompensación de punto negro activado.
Una vez que se ha validado, se puede activar el perfil de la impresora con ctrl-Y, para ir viendo cómo quedará. También, en Vista>Avisar sobre gama (mayus-ctrl-Y), se pueden ver los colores que no se imprimirán por quedarse fuera de la gama reproducible por el perfil que se ha seleccionado.

Impresión en el laboratorio

Llevar la fotografía a un laboratorio de confianza es la opción más económica. El coste por copia de una impresión casera es muy alto, y aunque se tengan más opciones, realmente no le compensa a un fotógrafo aficionado.
El problema es que muchas veces cuando se pide un perfil de color en una tienda de fotografía te suelen mirar mal, o nunca te llegan a entender. Debido a esta falta de entendimiento, provocado por la poca exigencia del aficionado medio (el 99% de los clientes) se pueden tomar dos caminos: cambiar de laboratorio o presentar las fotografías con el espacio de trabajo estándar, el sRGB. La mayoría de los dispositivos están configurados de origen con este espacio, el más limitado en todos los sentidos. Supone renunciar a la rica gama de colores de un buen perfil, pero se evitan las sorpresas desagradables. El perfil de la tienda (en caso de tenerlo) habría que instalarlo en la siguiente carpeta del ordenador:
Windows XP: C:\Windows\system32\spool\drivers\color
Windows Vista:/C:/Windows/System32/spool/Color
Windows 7: C:/Windows/System32/spool/drivers/color
Mac: Macintosh HD/Librería/Colorsync/Profiles
Mac OS 9.x: Systems Folder / ColorSync / Profiles
Photoshop: C:/Archivos de programa/Archivos comunes/Adobe/Color/Profiles
También podemos hacer doble clic en el archivo .icc que nos pasen en la tienda o clic en el botón derecho del ratón y marcar Instalar perfil.

En conclusión

La gestión de color es una complicación más del mundo digital, pero teniendo claro los principios básicos podemos conseguir buenos resultados. Veamos un resumen de los pasos a seguir:
  • Calibrar y perfilar el monitor (mejor con un calibrador) con el que normalmente trabajamos. Este perfil nos servirá para tener la seguridad de estar viendo las fotografías correctamente. Un perfil nunca lo debemos tratar como un espacio de trabajo.
  • Activar la gestión de color en Photoshop. En esta ventana conviene pensar con cuál espacio de trabajo RGB vamos a trabajar. El espacio sRGB solamente interesa si las imágenes de partida tienen ese espacio. Para el resto de las ocasiones, y siempre que se quiera calidad, Adobe RGB (1998). El Prophoto RGB tiene pleno sentido con cámaras altas de gama.
  • Revelarlas fotografías con la seguridad de estar viendo el resultado final. Una vez que se ha terminado y se decide imprimir las imágenes, hay tres opciones:
  1. Hacer una copia con el perfil de la impresora o de la tienda de confianza con la que se trabaje habitualmente.
  2. Convertir una copia en un espacio de trabajo sRGB. Muchas veces es la única que consigue resultados aceptables con determinadas tiendas e impresoras.
  3. Dejar la copia en Adobe RGB (1998) para que el laboratorio tenga la máxima información posible.
  • Disfrutar de la calidad de la copia. Se puede conseguir una auténtica maravilla en lo que respecta a la calidad de los colores, pero una copia nunca será exactamente igual a lo que se ve en pantalla. No conviene obsesionarse con la perfección.
Fuente: http://altfoto.com/2012/07/la-gestion-del-color-para-fotografos-iii