lunes, 22 de abril de 2013

El mundo del flash (II)

El mundo del flash nos va a permitir trabajar de otra forma, en situaciones en las que no nos quedaría más remedio que plantar la cámara en un trípode y crear una sensación distinta a la habitual. Muchos rechazaremos ese efecto que se aleja de la realidad, pero si sabemos controlar la luz, podemos tener la sensación de controlar el sol y ponerlo dónde queramos.
cabezal zoom flash
Shelby Lee Adams es un perfecto ejemplo para hablar de un fotógrafo que utiliza, en la mayoría de los casos, el flash para potenciar la luz del sol. No lucha contra él, sino que lo acompaña. No siempre debemos emplear los flashes para crear impresiones teatrales. Si vemos las fotografías de Shelby Lee Adams entenderéis lo que quiero decir. Por ejemplo, si abrimos una puerta, algo de luz entrará en la habitación. Si colocamos el flash con una ventana, el efecto aumentará. Otro ejemplo es fijarse en la iluminación de las películas, donde se recrea, con mayor o menor fortuna, la luz natural. Todavía recuerdo una clase magistral de Miguel Oriola, uno de los grandes maestros de la iluminación, cuando recreó la luz del sol en un estudio colocando un potente flash desnudo en el otro extremo la sala. Y con un poco de atrezzo podíamos imaginar que estábamos en la calle, en un descampado.
Ayer vimos las cosas que necesitamos para trabajar bien con el flash. Es mejor empezar a experimentar con una sola unidad. Cuando encontremos su límite (o el nuestro), encendemos una segunda unidad y así hasta que nos demos cuenta que en el mundo real sólo hay un astro y los reflejos que genera. Muchos flashes es caro y una complicación. Además se aleja de la realidad.
Lo que sí recomiendo con los ojos cerrados es comprarse un trípode con una buena rótula para sujetar y colocar el flash justo donde queremos. Tiene que ser ligero para que no nos importe llevarlo de un lugar a otro, pero que tenga la posibilidad de colgar una bolsa o unas piedras para evitar que se vuelque con el viento cuando trabajamos en el campo. La rótula ha de ser también firme para soportar el peso del flash, que es ligero, pero si le ponemos paraguas, ventanas o cualquier cachivache, tiene que aguantar sin problemas y permitir colocarlos sin problemas. Afortunadamente, hoy en día no hace falta gastarse mucho en estas cosas.
Respecto al emisor y receptor el consejo de compra que podemos dar es que si no vais a hacer un uso diario, os compréis los más baratos que encontréis en el mercado y que sean fiables, por supuesto. Yo tengo los Pixel, que son muy baratos y cumplen perfectamente su cometido. Algunas veces los he disparado a 30m y no he tenido ningún problema. Pero los mejores siguen siendo losPocket Wizard, sin lugar a dudas. Es importante que comprobéis que son compatibles con el flash que tengáis.
Y por último, pero no menos importantes, el flash. Para estos menesteres yo utilizo cualquier flash que permita trabajar en manual. Actualmente tengo dos Canon, pero en alguna ocasión he utilizado Nikon, y tengo buenas referencias de los Yongnuo, de fabricación china. Si nos permite trabajar en manual, podremos regular la potencia en función de las necesidades de la fotografía. También es muy práctico que tenga un cabezal zoom para poder concentrar más o menos la luz, como puede verse en la foto del artículo. Toda ayuda es poca en estos casos.
Respecto al tema de la alimentación de estos flashes lo mejor son las pilas recargables, que con el paso de los años han mejorado muchísimo. Las más recomendables y económicas (a largo plazo) son las de baja autodescarga de NiMH (níquel e hidruro metálico). Y a efectos prácticos, lo importante son los mAh (miliamperios/hora), que es la capacidad de carga. Cuántos más mAh tenga la pila (1800 mAh) mínimo, más disparos podremos hacer.
En próximas entregas seguiremos viendo más cosas sobre el mundo del flash, por pequeñas que sean. Si tenéis dudas, podéis mandar un comentario para resolverlas cuánto antes o deciros cuándo voy a hablar sobre ello.
Fuente: http://altfoto.com/2013/03/el-mundo-del-flash-ii