miércoles, 26 de junio de 2013

Por qué deberías utilizar un verdadero lector de memorias

¿Por qué compramos dispositivos y elementos de marca? ¿Por qué desconfiamos de aquellas marcas alternativas o de segundo grado? Utilizar Canon o Nikon, por ejemplo, fuera de cualquier cuestión de estatus, supone apostar a la confianza de una compañía. No deja por fuera la posibilidad de que esta fabrique componentes malos o escatime en su calidad, pero, por regla general, estamos comprando garantías de correcto funcionamiento. Tal vez no muchos vivan de la fotografía, pero hay ciertas tomas que cobran cierto valor al disparar. Un nacimiento, una boda o sencillamente ese perrito que sea veía tan mono con esas gafas son momentos que no se van a repetir y cualquier fotografía que lo documente tiene un valor monetario o sentimental.
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Nuevamente utilizar una cámara de marca, una tarjeta de memoria de marca y un alojamiento —físico o virtual— de marca supone apostar la confianza en compañías que se han hecho un nombre. Cada archivo está en una plataforma relativamente segura, cuya transferencia será exitosa y su alojamiento será confiable. Por algo pagamos tanto dinero por ellas, ¿no?
Entonces, ¿por qué arrojar a la cuestión un barato, endeble y poco confiable lector de memorias genérico? Toda nuestra plataforma de trabajo vale cientos o miles de dólares, pero sin embargo la parte vital, el elemento más débil de la cadena —la transferencia de archivos de la cámara al ordenador— se encuentra a cargo de un dispositivo de ingeniería pobre y construcción barata. Perder archivos puede ser una mínima inconveniencia a un increíble desastre. Imagínate que has terminado una sesión de fotos de boda, tu tarjeta de memoria estalla con imágenes que nunca se van a repetir y en el camino una pieza falla. ¿Catástrofe, verdad?
Y no son cuentos de ficción. Me ha pasado en carne propia. Hace poco subí a la terraza de mi edificio, tome unas fotografías y volví a procesarlas. La copia de los archivos —que realicé con un lector de memorias que costó un dólar— fue algo distinta. Los archivos tardaban en pasar, algunos dieron error y lo hicieron exitosamente en el segundo intento y otros se negaron a copiar. El resultado de cargar las imágenes en Lightroom fue el siguiente:
oops
¡Horror! Y por suerte se trataban de imágenes improvisadas, nada pago ni con clientes de por medio. La tarjeta de memoria estaba fuera de la cuestión, la verdadera falla se encontraba en el maldito lector chino. Había empezado a fallar y cualquier tarjeta de memoria le traía problemas, pero problemas graves, de esos que te corrompen los archivos y destruyen la información. Si, quedaron bonitas y tienen ese aire glitch-art que venimos reseñando seguido, pero dudo que una novia o un cliente quieran unas imágenes así.
La solución fue gastar 15 veces de mi inversión original en el lector. 15 veces un dólar. Compré un lector de memorias de primera marca y los problemas desaparecieron. Esto no quita que los tenga en el futuro, tan solo estoy agregando un enlace más fuerte en toda la cadena. Pero eso aumenta las posibilidades de conexiones seguras y exitosas. Cámara de primera marca, memoria de primera marca, lector de primera marca.
Hazte un favor. Tira ese lector chino y de marca genérica y adquiere uno de verdad. Nunca se sabe cuando un componente de toda la cadena fallará, por lo que la solución ideal es asegurar cada uno de ellos. ¿No sabes cual elegir? Ve a eBay, busca los lectores de memoria y ordénalos del más caro al más barato. El primero es tu candidato ideal. Y seguramente costará el 1% de tu equipo fotográfico actual.
Foto: Martin Abegglen
Fuente: http://altfoto.com/2013/04/porque-deberias-utilizar-un-verdadero-lector-de-memorias