miércoles, 20 de noviembre de 2013

La cuestión física de la fotografía: del papel a los bits


La situación de la fotografía en el mundo ha ido cambiando progresivamente a medida que han ido pasando los años, y junto con la forma de hacer fotografía, también han ido cambiado la forma en la que manejamos las propias fotografías. En efecto, estoy hablando del cambio en el revelado fotográfico: el paso de la tangencia del papel a la fotografía digital, la que a día de hoy simplemente guardamos en nuestro smartphone.
el revelado fotografico
La pequeña reflexión personal que ronda mi mente estos días es el cómo hemos afrontado este cambio a través del cómo gestionamos nuestras fotografías. Utilizando película, una vez terminabas tu carrete de 36 fotografías, lo llevabas a revelar y luego las enseñabas a tus amigos y familiares para después almacenarlas durante años en un álbum. Creo que este tipo de práctica está desapareciendo poco a poco con la intrusión de los smartphones al hacer fotografías, porque si bien aún hay gente que imprime con sus cámaras digitales compactas, los smartphones no son dispositivos que se presten a ser conectados al ordenador para imprimir las fotografías, aunque sería más que recomendable.
Se supone que si se revelan las fotografías es porque las quieres conservar para la posteridad, además del disfrute del contacto físico, la tangencia de los recuerdos ya inmortalizados. Personalmente yo me sigo imprimiendo fotografías para añadirlas a un álbum o ponerlas en un marco porque disfruto con el elemento físico de la fotografía. Hoy todo se guarda de forma digital, ya sea en un disco duro externo, un pen drive o en la memoria de nuestro smartphone y no estoy del todo de acuerdo con eso, máxime tras mojar mi teléfono móvil y quedar inservible, ante lo cual me pregunté ¿qué ha pasado con todas esas fotografías que tenía y que ahora sencillamente se han esfumado como el humo?.
No me equivocaría mucho si dijera que ante una situación como ésta, solamente nos sentimos dolidos y tal vez hasta hagamos copias de seguridad con algún servicio de almacenamiento en la nube cuando consigamos un nuevo teléfono, pero lo más normal es hacer como si nada. Sencillamente, los recuerdos que se han perdido se han quedado atrás. Las fotografías que hayamos hecho las hemos tenido para mostrarlas durante un tiempo, y pasado ese tiempo, no resultan en un drama si simplemente desaparecen.
Por ello animo a todos a imprimir o al menos transferir al ordenador todas aquellas fotografías espontáneas que nos hacemos de vez en cuando con el móvil, e incluso imprimirlas si la calidad os lo permite. Los recuerdos no dejan de ser recuerdos, y aunque no tengan una gran calidad técnica, definitivamente una foto borrosa de una gran noche es muchísimo mejor que ninguna.
Fuente: http://altfoto.com/2013/10/el-revelado-fotografico-del-papel-a-los-bits