martes, 29 de abril de 2014

Los buenos retratos



Acaban de presentar el último retrato de la reina Isabel II, realizado por David Bailey. Lo hemos escogido como punto de partida para averiguar cómo se hace un buen retrato sin estridencias ni complicaciones.
Se celebra esta semana el 88 cumpleaños de la reina Isabel de Inglaterra. Y como suele ser tradición en una casa real donde todo tiene un protocolo extremo, llega el momento de los retratos, y en esta ocasión han decidido encargar el trabajo al gran David Bailey, uno de los grandes fotógrafos históricos británicos.
Después de la agria polémica con Annie Leibovitz, y de las fotos de dudosa calidad de los duques de Cambridge que comentamos aquí, la casa real británica ha decidido apostar por uno de los mejores fotógrafos de la corte, David Bailey, uno de los niños terribles de los sesenta londinenses, cuando empezó el mundo cool y The Beatles y Rolling Stones eran el símbolo extremo de la modernidad.
De hecho, el personaje principal de una de las películas más fotográficas de la historia, Blow up de M. Antonioni, está basado en su figura. Lo único que no me gusta de esta historia inspirada por el cuento de Cortázar es que el protagonista es inaguantable. Espero que Bailey ya no sea así, aunque quién sabe.
Reina Isabel de David Bailey
Reina Isabel de David Bailey
Ha fotografiado a todos los grandes de la música, a las mejores modelos para Vogue y su trabajo cada vez me recuerda más a la del gran maestro, Richard Avedon, con sus fondos blancos y su formato cuadrado de la RolleiFlex, una cámara que merecería un museo para ella sola, por lo que ha marcado a algunos de los artistas más importantes de la historia.

Cómo está hecha

El retrato de la reina Isabel no puede ser más sencillo. La técnica se la sabe de memoria, pero el momento justo del disparo sólo se descubre con la experiencia que tiene un fotógrafo de 76 años a vuelta de todo.
El fondo es blanco luminoso, tanto que si no fuera por una adecuada posición de las banderas que cortan la luz podría provocar flare. La luz principal, una gran ventana, está a la izquierda del fotógrafo, a la altura de los ojos de la reina. El reflejo en las pupilas -grandes chivatas sobre la posición de las luces- y la sombra en el lado derecho del retrato, son los delatores de la colocación.
Está tomada relativamente cerca, pero seguro que el fotógrafo no estaba escondido detrás de la cámara, o en este caso encima. La RolleiFlex estaría sobre un trípode y ambos protagonistas, porque un retrato siempre es cosa de dos, estarían hablando de sus cosas o comentando alguna anécdota o noticia del día.
La fotografía servirá para la campaña gubernamental "Great Britain", creada para promocionar a Gran Bretaña como destino de primer nivel mundial, pues al parecer todo lo relativo a la realeza atrae a los turistas.

¿Por qué es un buen retrato?

Esta es la pregunta más difícil, y la más interesante. Es lo que diferencia una obra que pasa sin pena ni gloria a una obra que permanecerá en la memoria. Voy a intentar responder contemplando esta fotografía. Es una apreciación personal, y cualquiera puede tener otra impresión.
La reina Isabel debe tener una agenda muy apretada, y no debe ser fácil encontrar un hueco en ella. La fotografía no se debió hacer en un día ajetreado, y no creo que durara mucho tiempo la sesión. Esto supone que el fotógrafo debería tener todo absolutamente montado y pensado antes de que llegara tan ilustre personaje.
Esto quiere decir que la fotografía no es fruto de la casualidad, sino que estaba muy pensada de antemano, algo que todos deberíamos hacer en un caso similar, aunque sea con un familiar paciente. Se puede improvisar, pero siempre después de tener muy claro cómo empezar.
La reina está relajada, está segura delante de una persona que se ve que sabe lo que va a hacer, que no titubea, por lo que no se tiene que preocupar de nada, solamente de pasarlo bien y estar atenta a las indicaciones.
Es un buen retrato porque cuenta una historia, porque nos acerca a un personaje que no es accesible y lo hace familiar. Parece nuestra abuela feliz por posar para nosotros. Está lejos de la parafernalia real. Lleva joyas más o menos discretas, y nada enturbia la mirada, esos ojos que nos miran directamente y que parece que nos invitan a una conversación.
Es un buen retrato porque cuenta una historia
Pero todo eso no tendría sentido sin una técnica depurada y perfecta. Es un blanco y negro de libro, con las luces perfectamente dispuestas y destinadas a realzar el rostro de la señora. Se ve cada poro de una piel perfecta para los 88 años, pero ante todo destila naturalidad y sencillez. La única pega es que es un poco clásico, pero seguro que ese aire intemporal está buscado. Y os puedo asegurar que no es fácil conseguirlo.
Fuente: http://altfoto.com/2014/04/buenos-retratos