lunes, 28 de abril de 2014

Pensar en fotografía

Uno sabe que es fotógrafo cuando piensa en imágenes. Es muy distinto este estado, pensar en fotografía, que pillar la cámara los fines de semana para retratar a la familia. Uno es aficionado, y el otro siente toda la pasión por un mundo que da muchas alegrías.
Pensar en fotografía
Pensar en fotografía
La fotografía es un acto creativo. Es una forma de ver las cosas. Cuando nos gusta esta historia, cuando realmente disfrutamos con ella, no vemos de otra forma que a través de los márgenes de un visor. Cuando alcanzas este nivel, las cosas se vuelven más complicadas o más placenteras pues aunque no lleves una cámara encima, siempre estás haciendo fotos, y al fin y al cabo, eso es lo que importa.
Mucha gente empieza a hacer fotos por un regalo que reciben, o porque alguien cercano le contagia la pasión. O simplemente porque un día todo te lleva a detener el tiempo en un fotograma. Sebastiao Salgado contó hace poco en Madrid que empezó en este mundo porque a su mujer le mandaron un trabajo en la universidad, y fueron tantas las cosas que sintió que decidió dejar su carrera de economista y empezar con el arte de la luz. Y con el tiempo no se arrepiente. Tendrá menos dinero, pero es mucho más feliz.
Y esa es la sensación que nos indica que ya somos fotógrafos, no importa si buenos o malos, cuando no podemos dejar de pensar en fotografía. Ahí es cuando sabes que si sales sin tu cámara nos sentiremos desnudos, y casi preferimos no mirar porque descubriremos una foto que no podremos hacer. Si sólo cogemos la cámara los fines de semana o cuando nos vamos de viaje nos gustará, pero tal vez no la sentiremos. Tampoco quiero ser radical, porque lo que puede pasar es que sólo nos gusta hacer fotos con una cámara de banco y no podemos ir cargados con ella todo el día, pues también hay que comer y en el trabajo no nos dejan ir siempre acompañados de una máquina. En algunos casos quedaría hasta raro.
Hay muchos indicadores de nuestra pasión, desde mirar siempre a través de un encuadre hasta leer y ver las escenas como una foto. Yo a Ana Ozores, protagonista de La regenta, la veo siempre con el rostro de Aitana Sánchez Gijón perfectamente iluminado por las calles de Vetusta. El mundo real no es igual que el fotografiado, es mucho más completo -aunque sólo sea por su tridimensionalidad- pero es mucho más complejo. La fotografía simplifica y embellece el mundo real. No podemos vivir sin la realidad, algo que no tendría sentido y sería contraproducente. No es lo mismo, pero no podemos entender la fotografía sin una vida completa llena de experiencias. No nos podemos equivocar en esto y encerrarnos en nuestra bola de cristal.
Toda esta historia no hay que confundirla con la pasión que sentimos mucho por la tecnología, por los nuevos artilugios que sacan mes sí, mes también. Hoy en día cualquier cámara es mucho mejor que la que hayan sacado una semana antes... pero esto es amor por las máquinas, no es pasión por la fotografía. Un fotógrafo pensativo es aquel que ve una caja de zapatos e imagina que fotos podría hacer con ella. Y si ve una cámara nueva, se alegra, pero no siente la necesidad imperiosa de comprársela, salvo que la suya se haya roto.
Alcanzar este punto puede ser complicado para algunos, y natural para otros. No todos sentimos igual. En mi experiencia personal puedo decir que cuando me levanto y veo una luz que me gusta en la habitación, imagino cómo quedaría en una foto. Antes encuadraba con la manos, pero ahora sólo necesito imaginar. Si tengo una cámara cerca perfecto, y si no, no pasa nada. Como dice el fotógrafo de La vida secreta de Walter Mitty, hay muchos momentos que nos tenemos que guardar para nosotros, para nuestro mundo interior, para futuras historias. Hay momentos únicos e irrepetibles que podemos dejar sin compartir. Es importante no perder contacto con la realidad.
Fuente: http://altfoto.com/2014/04/pensar-fotografia