miércoles, 3 de julio de 2013

Cómo viajar con la cámara y con la familia

Este artículo está dedicado a todos los fotógrafos aficionados que quieren viajar con la cámara y con la familia (niños incluidos) y no saben cómo organizarse para conseguir las mejores fotografías. Nadie ha dicho que sea fácil, pero sí que se puede hacer. Este artículo tiene experiencias reales, por lo que alguno puede verse reflejado.
viajes fotograficos
Lo primero que quiero dejar claro es que la fotografía es un trabajo tremendamente solitario, y que la familia es muy difícil integrarla en este mundo, casi imposible si no tienes la adecuada. ¿Qué quiero decir con esto? Que ambas partes, tú y el resto de la familia, os tenéis que entender muy bien en este aspecto y coordinaros ambas partes a la perfección. Si los niños están por medio, la situación se complica aún más. Pero os aseguro que todo es posible.

¿Cómo tiene que ser el fotógrafo?

Los fotógrafos, en general, somos gente muy paciente (si no, no esperaríamos horas hasta conseguir una buena luz). Si la paciencia no es una de tus virtudes, entonces el asunto se complica. El fotógrafo que viaja con la familia tiene que saber desde el principio que no puede hacer un viaje exclusivamente fotográfico, pues eso supondría fuertes discusiones, lloros y malos humos constantes, algo que la fotografía no necesita:
  • Lo primero es ser claro desde el principio: "En este viaje quiero hacer fotos, muchas fotos." No tiene sentido salir de casa con el maletón lleno de artilugios y pretender que no se vea. Esto genera mal rollo. Y eres fotógrafo aficionado, no profesional. Hay cientos de posibilidades para dedicarse sólo a fotografiar.
  • Si no quieres prescindir de tu cámara réflex, decide qué objetivos llevar. Si piensas que el 70-200 mm y el 100-500 mm por si veo un pájaro, vas por mal camino. En estos viajes los objetivos pequeños son nuestros mejores aliados. Y evitan que nos carguemos a la espalda la mochila tan chula que nos compramos en la que nos cabe todo, hasta el ordenador y unos bocadillos por si nos entra hambre. También podemos llevar sólo la compacta, o las interesantes EVIL que están el mercado. La cuestión es ir ligero.
  • El trípode sólo lo recomiendo llevar en estos viajes si vamos a ir en coche y lo podemos dejar al fondo del maletero, para cogerlo en situaciones muy determinadas y que puedas justificar. Es decir, para hacer fotos a cascadas sí, pero para evitar que el horizonte me salga torcido no. No sé si entendéis la sutil diferencia. Un neófito verá con buenos ojos una cascada con el efecto niebla, pero nunca entenderá que sea tan importante que el horizonte no necesite corregirse luego en el Photoshop.
  • Nunca, nunca, nunca se debe hacer esperar a la familia a que esa nube tape el solpara que no haya tanto contraste entre el cielo y la tierra y destaque ese bosque que se ve al fondo. O tampoco hay que esperar que el cisne pase justo por la zona del estanque iluminada por el sol. El fotógrafo no debe ser la persona a la que hay que esperar constantemente porque ha visto la foto.
  • Un buen consejo es salir a primera hora, cuando todo el mundo está dormido en el hotel, en el apartamento o en la casa del campo y hacer tranquilamente el trabajo que queramos. Luego, cuando volvamos, podemos llevar el desayuno calentito y hacer feliz a todo el mundo. La hora de la siesta es otro momento grande para nosotros los fotógrafos y por la noche, cuando todo el mundo está acostado, podemos hacer fotos de estrellas y justificar el trípode.

¿Cómo tiene que ser la familia?

Las familias sufren en silencio la afición del fotógrafo. Lo pasan mal cuando ven a un miembro dela familia abriendo y cerrando la mochila y darse cuenta de que van a estar varias horas esperando la luz...Si los niños son los que esperan, entonces una situación maravillosa como un viaje se puede transformar en un infierno. La familia tiene que adaptarse también, hasta unos límites, a la afición:
  • Si la fotografía es la pasión del familiar, hay que verlo como algo positivo. Peor sería que se diera a la bebida o sintiera amor por las tiendas de muelles. Hay que evitar poner mala cara cada vez que aparece una cámara o una tienda de fotografía. El fotógrafo, en su interior, sufre si se ve rechazado por sistema.
  • Si la afición es grave, hay que poner límites desde el principio, como por ejemplo negarse a llevar cualquier peso de más o poner límites horarios sobre el tiempo en el que se puede esperar a que un avión, un tren y los coches pasen por el mismo sitio con la luz ideal. Hay que advertir que no es viaje profesional, sino un momento de esparcimiento con la familia.
  • Si es buen fotógrafo el miembro, habrá planificado y buscado sitios que quiera plasmar con su cámara para no sé qué historias de un proyecto... Ese es el momento de estar con él y vigilar dónde se quiere meter. Saber un poco del tema ayuda a conocer las intenciones y viene bien hacer la ruta en común para que todos queden contentos.
  • Respecto a entender un poco del tema es bueno por otro motivo. La familia empezará a apreciar una luz sobre otra, y puede darse cuenta de cuando es importante parar para hacer una foto y disfrutar del paisaje. Aunque parezca un pesado en estos casos, un fotógrafo bueno sabe distinguir un momento de otro, y ver las cosas con ojos de fotógrafo ayudará a la familia a apreciar mejor las cosas.
Estos son consejos que han surgido por haberlos oído, vivido o comentado. En mi caso puedo decir que fotografiar unas vacaciones con mi familia es una buena experiencia, pues los cuatro nos entendemos a la perfección, salvo cuando a ella le toca llevar el manfrotto...
Fuente: http://altfoto.com/2013/04/como-viajar-con-la-camara-y-con-la-familia