domingo, 18 de agosto de 2019

Por la Quebrada del Rio San Isidro

Luego de disfrutar a pleno de la clásica Iruya, era hora de seguir hacia el punto mas al norte que iba a visitar en este viaje: San Isidro. A partir de allí y de algún modo, todo sería retorno, pero no nos adelantemos. Lo primero era recorrer la Quebrada de San Isidro.

Como les adelanté, la idea era pasar un dia en San Isidro, pueblo al que se accede por el cauce del río homónimo, pero eso si, antes de diciembre, ya que en época de lluvias, el rio crece y el poblado queda aislado, realizándose el abastecimiento de alimentos en burro, llama o a caballo.

Hubiera caminado los 8KM, pero por la altura, lo escarpado del terreno, y el tremendo calor reinante, preferí ir con Bernavé, nativo de la zona y encargado de la casa de la cultura iruyense, quien estuvo siempre atento a no solo realizar cuanta parada se me ocurriera, sino también, a completar mi experiencia explicándome la historia de los lugares (Tanto Iruya como San Isidro), contándome anécdotas, y señalándome incluso, algunos hitos arquitectónicos que de otro modo, se me hubieran pasado por alto.

El camino se hizo tremendamente ameno de esta forma, lo que me permitió descansar y guardar energías para la segunda mitad del viaje (Restaba por delante aún recorrer algo mas de Jujuy, antes de viajar a Catamarca y Tucuman). Quedaba mucho por delante!

Hoy los invito a disfrutar conmigo, de las vistas mas asombrosas que tuve en el recorrido por la Quebrada de San Isidro:



La próxima semana, les muestro mi paseo por la pequeña y maravillosa San Isidro…

domingo, 11 de agosto de 2019

Los Detalles de Iruya

Caminando por el poblado de Iruya nos encontramos no solo con las maravillosas vistas que les mostré anteriormente, sino también, con un sinfin de detalles que hacen de ésta, una atmósfera única, y hoy, nos internamos en ellos…

El pueblo fue fundado oficialmente en 1753, aunque las actas de nacimiento encontrados en la parroquia de Humahuaca indican que la presencia de habitantes se remonta un siglo antes de su fundación. Estos habitantes son descendientes de los incas. Existen varias ruinas a los alrededores que prueban la existencia de una etnia homogénea antes de la llegada de los realistas. Un ejemplo son las ruinas de Titiconte, ubicado a unos 8 km al este de Iruya.

Los primeros habitantes sobrevivían, y continúan haciéndolo, mediante los cultivos de subsistencia. Principalmente se dedicaban a la cría de ganado, como ovejas, cabras y en menor medida la llamas, y también practicaban la agricultura, cultivando maíz, papas, ocas y otros productos agrícolas.

Incluso hoy en día, sus habitantes siguen subsistiendo mediante la práctica del trueque. Sin embargo, debido a su cercanía con la quebrada de Humahuaca, el turismo está comenzando a desarrollarse.
Iruya contaba con 1523 habitantes (INDEC, 2010), lo que representa un incremento del 42,3 % frente a los 1070 habitantes (INDEC, 2001) del censo anterior, y por el avance edilicio apreciado en mi visita, este número volverá a incrementarse sustancialmente en el próximo recuento.

Poco a poco, nuevos habitantes se van sumando a la tranquila y aislada Iruya, haciendo mutar su fisonomía, cosa que se nota también en los pobladores nativos de la zona, quienes no con poco descontento, refunfuñan ante los turistas que invaden su cotidianeidad. Quizá en un futuro no muy lejano, Iruya haya terminado, irremediablemente, de perder su magia original. En mis viajes he vivido en más de una oportunidad éstas tristezas, pero siempre hay esperanzas en que las regulaciones, la educación, y la reivindicación de las tradiciones vuelvan a aflorar para mantener un equilibrio con la siempre traicionera prosperidad.


La próxima semana, nos vamos a caminar la Quebrada del Rio San Isidro, en busca de dicha localidad…



domingo, 4 de agosto de 2019

El Poblado de Iruya

Habiendo pasado por Abra del Cóndor, era hora de llegar al destino donde haría base por por próximos dias. Ya de vuelta en la provincia de Salta, visitaría la mágica Iruya.

La ciudadela está ubicada a 2780 msnm, sobre los faldeos orientales de la sierra de Santa Victoria, dentro del perímetro de la reserva de biosfera de las Yungas.

Al llegar a Iruya, la primera impresión que d,a es la de un pueblo «colgado en la montaña», o más bien de una isla, ya que está rodeado por los ríos Milmahuasi y Colanzulí, (o Iruya), en medio de la quebrada.

Se destaca su edificación colonial con callejuelas estrechas y empedrado desparejo, y sus paisajes de imponentes vistas panorámicas. En sus proximidades, 5 km al noreste, se encuentran las ruinas del Pucara de Titiconte.

Aquí, los habitantes, vestimentas, costumbres y viviendas han mantenido su tradición a lo largo de 250 años. El poblado conserva, a pesar del avance del ladrillo y el cemento, gran parte de sus casas de adobe, piedras y paja.

Siguiendo el lecho de los ríos que surcan el interior, se aprecian quebradas de diferentes formas y colores. La piedra laja en algunos tramos ha formado paredes de contención del río.

El 18 de febrero de 1995 la localidad de Iruya fue declarada Lugar Histórico Nacional por Decreto 370 del Poder Ejecutivo de la Nación.

Debido a la altura, y a lo pronunciado de las pendientes de ambas partes del pueblo, la visita debe hacerse a paso lento, al menos, hasta aclimatarnos. Se pueden visitar dos miradores, la iglesia, el cementerio, y el pueblo, para lo que recomiendo dos dias completos, no solo para las caminatas, sino para poder entender la dinámica diaria de un paraje tan particular.

A continuación, les dejo el primero de los álbums que hice allí:




La próxima semana, nos internamos en los particulares detalles que hacen única a Iruya…