martes, 9 de abril de 2013

Días de pesca en Patagonia: la humanidad se encuentra en las historias mínimas

Carlos Sorín es uno de los directores más interesantes que ha brindado Argentina en los últimos años. Es cierto que sus películas no tienen la tensión narrativa de Juan José Campanella ni la profundidad y la crítica política que posee el cine de Adolfo Aristarain, pero los filmes de Sorín siempre tienen una sobriedad y una humanidad apabullante, que llegan a las entrañas del espectador sin necesidad de artificios estilísticos o de tramas intricadas y difíciles de seguir. Su filmografía es tan humana como las historias que cuenta: un cine intimista, cercano, sin circunloquios y muy efectivo. La crítica de Días de pesca en Patagonia no puede ser más que positiva, porque con ella recuperamos la visión más acertada y emotiva de Carlos Sorín.
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Carlos Sorín se estrenó en 1986 con La película del Rey, pero no fue hasta el año 2002 cuando el gran público tuvo constancia de la existencia del director argentino con la película Historias mínimas. Yo mismo le descubrí con este filme, una obra hermosa, que narra las aventuras de tres personajes que viajan por las solitarias rutas de la Patagonia. Un trayecto en el que cada uno de ellos se ve impulsado por diferentes inquietudes vitales; unos personajes en movimiento gracias a pequeñas ilusiones, pero con la suficiente importancia como para mantenerles conectados con la ilusión de avanzar y cambiar. Desde entonces, Sorín ha vuelto a repetir con narraciones humanas y reales, cercanas al pueblo argentino y a los sentimientos de cualquier persona: el hombre que busca recuperar a su perro en Bombón, el perro o un joven de Misiones que quiere conocer a su ídolo Diego Armando Maradona en El camino de San Diego. Soñadores que no cumplen grandes azañas, el hombre corriente que protagoniza las historias mínimas de Carlos Sorín.
Tras atreverse con un thriller como El gato desaparece, Sorín recupera su cine de siempre enDías de pesca en Patagonia. La película cuenta la historia de Marco (Alejandro Awada), un viajante de comercio de 52 años, ex alcohólico, que elige la pesca como un nuevo hobby para cambiar su vida y poder desintoxicarse. Tras decidirse por este pasatiempo, emprende un viaje hacia la zona marítima de la Patagonia para pescar durante la temporada del tiburón. Aunque es parte de su proceso curativo, Marco va en busca de Ana (Victoria Almeida), la hija de la que lleva años sin saber nada. El protagonista es un personaje enigmático, voy a citar al periodista Javier Ocaña, de el diario El País, que ha hecho un perfecto retrato del espíritu de Marco: "tiene a un protagonista de western, pasado oscuro nunca aclarado, necesidad de redención, con la calma del que le ha visto las orejas al lobo y ya no tiene prisa, pues sabe mucho mejor que los demás cómo se habita en el infierno; una especie de Ethan Edwards fordiano".
Días de pesca en Patagonia
Marco es un personaje de dos caras. En la película solo vemos su parte más positiva, la de un padre reconstruyendo su vida y en busca de su hija. No veremos su pasado alcohólico, su fracasado matrimonio, tormentoso con toda seguridad, y que empujó a su hija a alejarse hasta un lugar recóndito de la Patagonia. Carlos Sorín no quiere contestar a ninguna de estas preguntas, no quiere hacer sangre recreándose en la etapa más penosa de su vida. Marco es solo un hombre en busca de laredención. La pesca se convierte en un pretexto para desintoxicarse y, sobre todo, para intentar subsanar el error más grave que un padre puede cometer: perder el contacto y las noticias sobre su única hija. Sorín solo incorpora personajes puntuales que van complementando la historia y la radiografía del personaje principal, gente anónima que pasa por nuestras vidas y nos dejan breves lecciones morales sobre nuestra existencia.
Carlos Sorín, como hiciera en Historias mínimas, vuelve a la árida Patagonia, solo que esta vez se acerca hasta la zona costera, donde puede recrearse en planos fijos de los paisajes y la inmensidad de la naturaleza frente al hombre, el contraste de lo pequeños que somos como individuos en relación con el todo que nos rodea. El director insiste en los planos amplios y los contrapicados, que nos permiten entender esta dualidad. Una vez más, las desoladas carreteras secundarias de Argentina son un símbolo del trayecto vital que nos toca vivir; los planos desde dentro del coche nos introducen en la subjetividad de Marco y nos permite empatizar con una historia que no tiene nada de excepcional. Porque Sorín es un especialista en hacer road-movies sin acción y sin espectacularidad, pero que consiguen conectar con el espectador. El cineasta es fiel a su estilo y ha creado un relato minimalista, en línea con la literatura de uno de los escritores favoritos de Sorín: el norteamericano Raymond Carver.
días de pesca en patagonia
La música no se entromete en la historia, pero aparece composiciones muy de Ludovico Einaudi en los momentos más tensos y emotivos. También hay pequeños homenajes a la ópera cuando Marco se atreve a cantar “Bella figlia del amore” y “Che gelida manina”, como hacía con su hija cuando ella era pequeña. Todo acompañado por unas actuaciones contenidas pero muy creíbles de Alejandro Awada y la debutante Victoria Almeida. Una película que no se anda con rodeos y se resuelve en apenas 80 minutos de metraje. Aunque hablar de resolución es un decir, porque Carlos Sorín tampoco busca cerrar nada con un final claro. Como nos pasa a todos en nuestra vidas diarias, el futuro nunca está claro del todo.
Fuente: http://extracine.com/2013/03/dias-de-pesca-en-patagonia