jueves, 10 de enero de 2013

Fotografia de montaña

La fotografía de montaña es una de las especialidades más bonitas y complicadas con las que se puede encontrar un aficionado o un profesional. Hay que tener en cuenta muchas cosas, desde el peso que hay que llevar hasta la forma física. Si además la fotografía hay que hacerla en invierno, las cosas se complican aún más. Vamos a ver cómo podemos hacerlo sin morir en el intento.
De esta maana mismo
La fotografía de montaña exige dos cosas fundamentales: buena forma y madrugar. Si cumplimos estos dos requisitos, todo lo demás nos va a parecer sencillo. No tiene sentido planear unas fotografías en alta montaña si nunca has andado siquiera por las lomas de tu pueblo, o si eres de los que van a comprar el pan y el periódico los fines de semana en chándal porque así lo usas y además es muy cómodo.
El buen fotógrafo de montaña es cocinero antes que fraile, es decir, está acostumbrado a andar por la montaña. Sabe que siempre tiene que mirar al suelo, o llevar la vista unos cuántos pasos antes que los pies, pues es el mejor remedio para evitar las caídas que uno pueda tener. O por ejemplo, sabe también que cualquier peso extra se paga con creces. Esto es importante para evitar las tentaciones de llevar todo el equipo encima porque a lo mejor ve una seta y cómo va a hacer la foto sin el macro.
Si viene una cuesta, no hay que quedarse sin aire a la mitad. La fotografía está arriba del todo, has ido por eso y si no eres capaz de llegar, te puedes dedicar mejor a la fotografía de paisaje, donde los valles y los caminos llanos te están esperando. Sólo se pueden hacer buenas fotos si estás preparado. Yo sé que nunca haré fotografía médica, porque me mareo cuando veo sangre. Si cuando ves una cuesta resoplas, entonces no sirves para la montaña.
Madrugar es otro factor fundamental en la fotografía de montaña. Es algo que siempre aparece en todos los libros y manuales. En muchos casos no tiene sentido. Es más importante tener una buena luz, y eso se puede dar en cualquier momento, desde luego. Pero cuando subes una montaña, la luz del amanecer, limpia y nueva, da un carácter distinto a los árboles y a las rocas. Esta misma mañana he estado a las seis de la madrugada en el puerto de Navacerrada. Y ver las montañas de siempre con esa luz ha sido una experiencia increíble. Es tremendo ver cómo la oscuridad de la noche es consumida, en unos breves instantes, por la luz. Es imposible sacar esas luces a lo largo del día, salvo que sea un día de tormentas o dominado por las nubes. Se puede conseguir el mismo efecto por las noches, pero eso obliga a quedarse a dormir o conocer muy bien el terreno para no perderse.
El equipo que hay que llevar tiene que ser ligero y de acuerdo con lo que queramos sacar, como he indicado más arriba. Por ejemplo, para el trabajo que me han encargado hoy para un artículo de una revista de montaña he llevado dos réflex de formato completo (imaginaos que se rompe una) con dos ópticas fijas de 35mm y 50mm. Y por supuesto, un buen trípode. Un equipo ligero y completo para lo que quería conseguir. Es muy importante planificar las salidas para saber exactamente qué se necesita. Hay gente que prefiere llevarse todo su equipo, pero son los que conozco como los fotógrafos masoquistas.
La mejor forma de planificar la salida es estudiar que es lo que vas a fotografiar, bien yendo unos días antes o bien acudiendo a internet, donde podemos ver, a través de programas como Google Earth o similares cómo es el terreno, a qué hora sale el sol, o lo más importante, en qué posición estará el sol a la hora que lleguemos.
Por descontado, es muy importante ir vestido de forma adecuada, con ropa técnica de calidad. Y no olvidarse nunca de un calzado de montaña. No seré el primero ni el último que ha visto a gente con sandalias o con tacones en lo alto de los Picos de Europa, por ejemplo, o con unas sencillas playeras para la nieve.
Todas las cosas tienen que estar en su sitio para conseguir lo más importante, que  podamos concentrarnos en la fotografía, y no nos despistemos por tener frio o calor, por tener que luchar contra el viento para que las fotos no nos salgan movidas, o tener que volvernos sin conseguir nuestra imagen porque el sol nos da de frente. O haber perdido la hora mágica al sentarnos al descansar agotados por la marcha.
Sólo queda recomendar uno de los mejores libros sobre fotografía de montaña: Fotografía de naturaleza. Una mirada interior de Galen Rowell. Una auténtica biblia sobre el tema.
Fuente: http://altfoto.com/2013/01/fotografia-de-montana