domingo, 16 de septiembre de 2018

Subiendo al Uritorco - Parte 1: Desde la base al 3er descanso

Otro viaje, otro sueño cumplido. Desde hoy y por las próximas tres entregas, no solo les voy a mostrar cada una de las etapas de ascenso al mítico Cerro Uritorco, sino que también les voy a hablar sobre la experiencia, para los que también quieran aventurarse a subirlo.

Antes del inicio, por favor estudien detenidamente estas recomendaciones. Esta es una actividad de riesgo y no debe ser tomada a la ligera. El presente documento únicamente pretende transmitir mi experiencia en primera persona a quienes, luego de haber estudiado dichas recomendaciones, asumen los peligros de este ascenso.

Ahora si, antes de viajar, obviamente lo que hay que preparar es el equipo. Lo básico para el ascenso y el pernocte en el refugio del Cerro Uritorco consta de:
  • Calzado zapatilla con buena suela o calzado para trekking
  • Abrigo. Indispensable, ya que por las noches baja mucho la temperatura.
  • Ropa cómoda de colores claros. (Si es transpirable, mejor. Eviten el algodón de ser posible.)
  • 4 litros de agua por persona.
  • Comida, como para los dos dias, ya que en el cerro no hay puestos de abastecimiento. No olvidar viandas (Pueden ser sándwich, frutas, etc.) y algunas golosinas (como barras de cereal).
  • También son imprescindibles la bolsa de dormir, y una linterna.
A estas recomendaciones oficiales, personalmente agregué:
  • Una batería externa para mi teléfono.
  • Guantes de obra para no cortarme las manos con los filos de las piedras o espinas.
  • Un bastón de trekking.
  • Gorro, lentes para sol, pantalla solar y repelente.
  • Camelback en la mochila, para evitar paradas innecesarias y mantenerme siempre hidratado.
Contando cámara de fotos y equipo básico de lluvia, rondaba entre 10 y 11KG en la mochila al momento del inicio. Sabía que iba a bajar con entre 3 y 4 kilos menos, pero también, sabía que mi cuerpo iba a necesitar ese resto, por en cansancio acumulado.

El horario de ascención es de 7 a 12, siendo preferible llegar lo mas temprano posible para aprovechar bien el dia y no sufrir tanto el calor del mediodia, por lo que arribé a Capilla del Monte habiendo descansado en el micro mejor de lo que esperaba. Estaba listo para tomar un buen desayuno, por lo que fui a una cafetería céntrica a por mis calorías, pero, con consciencia de no sobrecargarme de comida y quedar muy pesado.

Fui caminando desde el centro hacia la base, porque conocía el camino y lo pensé como para hacer una entrada en calor, pero no conté con la subida. Cuando llegué a la base, me di cuenta que esa caminata había sido un derroche fenomenal de tiempo y energía.

Pasando un estrechísimo puente enfilé hacia la cafetería, lugar desde donde se inicia el ascenso. Ya me había registrado anteriormente en el refugio, por lo que tenían noticias de mi arribo. Llené el extenso formulario de ingreso al parque, y luego de abonar la tasa correspondiente a la consecionaria privada que lo explota, emprendí mi caminata.

El mejorado del camino dura solo un par de vueltas a un caracol que se extiende por los prácticamente 5.550 metros de ascenso. Contando que la altura de la cota máxima es de 1.979 metros, era de esperar una pendiente muy pronunciada. Claro, personalmente no dimensioné cuán pronunciada iba a ser hasta que no la sentí en el cuerpo…

El estrecho camino es realmente muy empinado, y la tierra y piedras sueltas, o húmedas, y la escasa señalización, hacen que uno tenga que estar todo el tiempo alerta. Esto es parte de una aventura inolvidable, claro está, pero, son factores que contribuyen al agotamiento, que sumados al pleno sol al cual uno se expone en la mayor parte del camino, hacen que la ascención poco a poco vaya siendo mas difícil de lo que parece.

Encontré el confort bajo alguna que otra planta, y en las maravillosas vistas que les comparto en el siguiente álbum, desde cada posta de descanso y los tramos que los interconectan.

Alcancé el Mirador del Caminante en 30 minutos, sin demasiada dificultad, mas allá de la sorpresa por la gran pendiente a la cual me enfrentaba. En otros 30 minutos, llegué a la Posta del Silencio, y en otros 30, estaba tomando un breve descanso en la Hondonada del Buey. Poco a poco, dejaba atrás el color rojizo de las piedras de la base, llegando a esta altura a ser de un color arcilloso pálido.

Todo hasta acá, discurrió sin sobresaltos ni contratiempos, pero ni bien me adentré en la siguiente etapa, comenzaron las dificultades...



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