domingo, 21 de febrero de 2016

Los Saltos Misioneros

Desde San Ignacio Miní partimos bien temprano. La idea de ese dia era usar el viaje como destino en sí, mas allá de alguna otra escala hacia nuestro último punto en el otro extremo de la provincia de Misiones, rumbo a Brasil, y de poder dedicarnos a las sorpresas que el trayecto nos brindara. Y esas sorpresas no se hicieron esperar.

Hoy les mostraré algunas de las maravillas con las que casualmente nos fuimos topando en la ruta tomada: Los saltos de agua... Emblema misionero si lo hay!

Los primeros con los que nos encontramos fueron los Saltos del Tabay: Pasando Jardín América e ingresando por un camino de selva, desde la ruta 12, y hasta el final del balneario, se puede apreciar su mas grande manifestación, aunque haciendo un poco de aventura siguiendo el cauce del arroyo, pudimos encontrar algunos saltos menores pertenecientes al mismo sistema.

En segundo orden, el pequeñísimo Salto Cuñapirú se dejó ver entre la selva que lo rodea. Al mismo se llega entrando por la ruta 223 desde la 7, y siguiendo los carteles que invitan al balneario. Perderse en estos caminos, mezcla de campo, selva y montaña es una experiencia maravillosa.

Nuestra última gran escala fue en Oberá, desde donde accedimos al magnífico complejo recreativo que oficia de hogar para el Salto Berrondo y sus cascadas. Un lugar maravilloso para pasarse un día completo.

En cada caso tuvimos buen caudal de agua gracias a las lluvias intermitentes que nos acompañaron durante toda la travesía.

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La semana que viene, les muestro las rutas y miradores con los que nos Misiones nos deslumbró en este camino, mientras continuamos hacia Brasil…

miércoles, 17 de febrero de 2016

El Jardín Botánico Carlos Thays


El Jardín Botánico de Buenos Aires se encuentra en el barrio porteño de Palermo, junto al Jardín Zoológico, en el perímetro de ocho manzanas delimitado por Avenida Santa Fe, República Árabe Siria, Avenida Las Heras y la Plaza Italia. Hoy, nos internamos en él.

El jardín fue inaugurado el 7 de septiembre de 1898. Nombrado desde 1937 "Carlos Thays", en honor al paisajista que lo concibió, y llamado oficialmente desde 2009 "Dirección Operativa Jardín Botánico Carlos Thays". Desde 1996 es Monumento Histórico Nacional.

Su extensión es de 69.772 m², en los que se encuentran más de 5.500 especies vegetales. Cuenta además con numerosas esculturas como "La Primavera" u "Ondina de Plata", "Loba Romana", "Mercurio", "Venus"; y grupos magníficos como "Saturnalia", estatuas de mármol que simbolizan los movimientos de la VI sinfonía de Beethoven ("La Pastoral"), y el grupo escultórico "El Despertar de la Naturaleza".

El criterio de Thays siempre había apuntado hacia lo instructivo, de manera que concibió el lugar con seis sectores fitogeográficos (cinco contienen especies de cada continente y uno dedicado sólo a lo autóctono de la Argentina). En cada sector los especímenes vegetales se ordenan sistemáticamente, según la clasificación taxonómica.


Uno de los atractivos del Jardín Botánico son sus cinco invernaderos. El mayor de ellos, de estilo art nouveau, fue premiado por su diseño en la Exposición de París de 1900, tiene 35 m de largo y 8 de ancho. En él se resguardan especies diversas regiones cálidas, como los helechos (cerca de mil ejemplares), orquídeas o palmeras, como la areca vestiaria llegada desde Nueva Guinea.


Posee además una, una biblioteca, el museo Botánico, y la Escuela Municipal de Jardinería, todo rodeado de serenos senderos para caminar y contemplar la variada vegetación.


Gracias a una salida fotográfica con usuarios de Instagram pude conformar estos registros, así como pude apreciar la obra que acompañó a Saturnalia llamada “El sueño de los infieles”: Una propuesta del artista plástico Uri Negvi y su taller de arte, que consta de los personajes de la Saturnalia, escapando hacia el futuro.

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Para finalizar, algunos reflejos hipnóticos, de una de las tardes mas calurosas del año:

Un vídeo publicado por Martin Martines (@elnous) el



domingo, 14 de febrero de 2016

Recorriendo la Ruta Jesuítica – San Ignacio Miní

Y tras internarnos en las ruinas de Nuestra Señora de Loreto, seguimos camino al quinto destino de nuestro recorrido de rutas jesuíticas protegidas por la UNESCO. Las archi famosas ruinas de San Ignacio Miní.

A unos 60 KM de Posadas llegamos a San Ignacio Miní, una misión jesuítica fundada a comienzos del siglo XVII para evangelizar a los nativos guaraníes.


La misión original fue dirigida por los sacerdotes José Cataldino y Simón Maceta en la región que los nativos llamaban Guayrá y los españoles llamaron La Pinería, en el actual estado de Paraná, alrededor de 1610. En 1631, la mayor parte de las reducciones fueron asediadas y destruidas por los bandeirantes paulistas o mamelucos. Sólo las de San Ignacio y Nuestra Señora de Loreto resistieron los ataques, pero en 1632 decidieron trasladarse a la región de Paranaimá, hacia el oeste.


Pese a la organización de milicias nativas organizadas y entrenadas por los jesuitas de vocación militar, las hostilidades obligaron a replegarse nuevamente hacia el este, a su ubicación actual, en donde en 1696, tras haber tenido diversos emplazamientos que fueron abandonados más tarde, se reestableció definitivamente. Recibió entonces el nombre de San Ignacio Miní ("la menor", en guaraní) para distinguirla de la anterior San Ignacio de la zona, llamada luego San Ignacio Guazú ("la mayor").


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En la actualidad San Ignacio Miní es la mejor conservada de las misiones en territorio argentino. La planta de la misión es la común a la mayoría de las construidas por los jesuitas en la época: alrededor de una plaza central se distribuyen la iglesia, la Casa de los Padres, el cementerio, las viviendas y el cabildo. En la construcción de San Ignacio se empleó la piedra local, el asperón rojo, en grandes piezas. La dimensión de los trabajos ha permitido que, pese a años de deterioro, la mayor parte de los muros siga en pie.


Las Ruinas Jesuíticas de la Misión de San Ignacio Miní fueron declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco en 1984.


En la localidad se encuentra también un museo y centro de interpretación, que provee información de la historia y la cultura de las misiones, además de contar con el mejor de los espectáculos nocturnos de todas las misiones que brindan este atractivo. Una visita realmente inolvidable, que aunque tiene un costo aparte del abono que nos permite recorrer todo el circuito de ruinas argentino, no puedo mas que recomendar enfáticamente.

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La semana que viene, seguimos camino hacia el este, en búsqueda de la costa del Rio Uruguay, pasando por algunos saltos misioneros